Una pizza con pegamento

La vertiginosa subida en Bolsa de Nvidia, reflejo de sus resultados y su creciente cartera de pedidos, junto con los temores a un futuro distópico, son dos de los efectos de los últimos 18 meses de popularización de la IA generativa. El impacto de imágenes, textos y vídeos creados por máquinas ha transformado previsiones en diversos ámbitos: economía, empleo, geopolítica, relaciones y sociedad en general.

La IA generativa impresiona tanto por sus aciertos como por sus errores. En uno de los más comentados, Google Search sugirió a un usuario usar pegamento para que el queso se adhiriera a la masa de pizza, error que se originó en un comentario de hace 11 años en un foro de Reddit, donde el usuario fucksmith aconsejaba, de manera similar, usar una proporción de 1/8 de pegamento en la salsa, especificando que debía ser no tóxico.

Sundar Pichai, en una entrevista con The Verge, reconoció que “las alucinaciones [errores] siguen siendo un problema sin resolver. En cierto modo, es una característica inherente; es lo que hace que estos modelos sean muy creativos (…). Pero los LLM (large language models) no son necesariamente el mejor enfoque para alcanzar siempre la factualidad”.

La IA seleccionó el comentario de fucksmith en lugar de una solución más razonable de otro usuario que sugería usar menos salsa. Ni la IA ni sus creadores pueden explicar por qué. Los sistemas de aprendizaje automático procesan enormes cantidades de datos, pero su aprendizaje depende de la calidad de esos datos. Aunque impresionan por su capacidad para emular el lenguaje, no piensan como los humanos.

Estas características explican el auge de los modelos de lenguaje: se necesita mucho dinero para desarrollarlos y entrenarlos, pero su potencial es enorme. El lanzamiento de ChatGPT marcó el inicio de una carrera competitiva, y como muestran las cifras de Nvidia, quien quiera liderar en inteligencia artificial debe invertir considerablemente en capacidad de procesamiento. Según Bernstein, las inversiones de capital de Amazon, Meta, Google y Microsoft superarán los 200.000 millones de dólares este año, y una estrategia eficaz para recaudar fondos es mostrar públicamente el potencial de la tecnología.

Queda por ver el retorno de esta inversión. Es común sobrestimar los efectos a corto plazo de los avances tecnológicos y subestimarlos a largo plazo. Tanto los compradores de dispositivos Nvidia como los de acciones comparten la incertidumbre sobre lo que adquieren y por qué lo necesitan, pero ambos están convencidos de su importancia.

“A pesar de las significativas oportunidades que ofrece, la adopción generalizada de IA generativa está a años vista. Los primeros entusiastas han pasado la antorcha a los innovadores, pero el mercado general enfrenta serias barreras para capitalizar realmente la oportunidad que presenta”, señala un informe de JP Morgan citado por Financial Times. “No es inteligencia general artificial, indistinguible de la humana. No puede programar perfectamente ni configurar la arquitectura informática de una empresa”.

Daron Acemoglu, en un artículo de investigación, ha enfriado las expectativas de crecimiento derivadas de la IA, argumentando que sus efectos macroeconómicos dependerán de las tareas a las que se aplique y las mejoras de eficiencia o ahorros de costos que aporte. Según sus cálculos, el impulso al PIB en 10 años será del 0,93% al 1,16%, lejos de las optimistas previsiones de Goldman Sachs (7% de alza del PIB en 10 años).

Acemoglu matiza que la evidencia de uso de la IA se ha limitado a tareas sencillas, mientras que los mayores impactos futuros vendrán de tareas complejas con factores codependientes. Además, algunas aplicaciones de la IA pueden tener un valor social negativo, como la difusión de noticias falsas, lo que podría restar crecimiento.

“La IA generativa, prometedora como es, puede aportar beneficios mayores, pero estos seguirán siendo difíciles de alcanzar sin una reorientación fundamental de la industria hacia información fiable que aumente la productividad de diversos trabajadores, en lugar de priorizar herramientas conversacionales generales”, concluye.

El economista también es escéptico sobre los cambios en el mercado laboral. La historia muestra que los grandes cambios tecnológicos no suelen destruir empleos cualificados; al contrario, han surgido nuevos trabajos o se han expandido otros. A medida que las máquinas ocupan un papel más importante en la economía, se han creado empleos que exigen contacto humano. La forma en que la IA se integre en las empresas determinará sus efectos laborales y sociales, y quiénes serán los ganadores o perdedores.

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Capafons & Cia. S.L.