Tecnológicas, dólar y bonos tocan suelo tras un año en caída libre

Fue un detalle. Un detalle que desencadenó un terremoto cuya onda expansiva afectó a todos los activos financieros del planeta. Hace un año, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Jerome Powell, reconocía por primera vez que las subidas de precios que sufría el país no eran “transitorias”, como había señalado hasta entonces. Ese detalle hizo ver a los mercados que las subidas de tipos que planeaba la Fed (y luego otros bancos centrales) iban a ser mucho más rápidas de lo esperable, al igual que la retirada de compras de deuda que se pusieron en marcha para combatir la pandemia.

El detalle revelaba algo crucial. La Fed daría la batalla para luchar contra la inflación, aunque fuera a costa de matar la economía. Una nueva etapa de los ciclos monetarios había comenzado. Y las repercusiones se iban a empezar a notar desde el principio.

Por aquel entonces, buena parte de la deuda pública mundial aún ofrecía rendimientos negativos. Más de 13 billones de dólares de bonos. Pero las inminentes subidas de tipos iban a acabar con esa anomalía. 12 meses después quedan solo 1,5 billones de emisiones de deuda con tasas por debajo del 0% (fundamentalmente en Japón).

TAMBIÉN LOS CRIPTO ACTIVOS

Correlación. Los defensores de las criptomonedas aseguraban que este tipo de activos digitales contaba con la ventaja de tener una evolución en su valoración totalmente descorrelacionada con la evolución de los ciclos econónomicos y los mercados fianancieros. Pero, la realidad ha demostrado lo contrario. En cuanto se empezó a ver que la Fed sería muy agresiva con las subidas de tipos, las monedas virtuales fue uno de los activos que más rápido se desplomó. En el último año, el bitcóin ha perdido un 72% de su valor.

La subida de rentabilidad de los bonos implica una depreciación de este tipo de activos (los inversores están menos dispuestos a comprarlos y exigen mayores rendimientos). Félix López, socio de la firma Atl Capital y experto en renta fija explica que “este cambio de tono en la política monetaria provocó una hecatombe en los fondos que invierten bonos, con caídas de más del 8%, algo que nunca se había visto en un activo considerado refugio”.

Nasdaq

Si el epicentro fue la renta fija, una de las primeras playas donde llegó el tsunami fue la de las compañías tecnológicas, que en noviembre de 2021 cotizaban en máximos.

La valoración de este tipo de compañías depende mucho de las proyecciones de flujos futuros de ingresos, y de cómo se descuenten en valor presente. Cuando los tipos son 0, esos flujos pesan mucho en el precio de la acción, pero cuando los tipos ya están el 4% o en el 5%, esas ganancias teóricas dentro de cinco o seis años, ya no tienen tanto valor.

Compañías como Netflix, Amazon, Meta o Alphabet, cuyos productos habían vivido cómo se disparaba su demanda durante los confinamientos de 2021, vieron cómo sus acciones entraban en barrena. El índice tecnológico de referencia, el Nasdaq, ha sufrido un desplome del 28% en el último año. Las cotizaciones comenzaron a caer hace un año, a pesar de que las entidades presentaban entonces resultados récord. Pero es que los mercados siempre miran más adelante.

Las divisas también acusaron el cambio de régimen. El dólar se ha revalorizado frente a prácticamente todas las divisas del mundo (muchos inversores optaron entonces por comprar emisiones de deuda norteamericanas, cada vez más atractivas). En verano, el dólar alcanzó la paridad con el euro, lo que no se había visto en 20 años.

En todos los casos, tanto en los bonos, en las tecnológicas como en las dividas, las situación se ha estabilizado y los tres mercados parecen haber tocado suelo.

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