Los peones detrás de las opas millonarias

En las pausas para el café en la City y Wall Street, hay un tema recurrente de conversación que no es ni la próxima final de la Champions ni los playoffs de la NBA. Se trata de la reciente muerte de Leo Lukenas, un asociado de banca de inversión en Bank of America. Lukenas, de 35 años y padre de dos hijos, falleció a principios de mes debido a una trombosis coronaria aguda. Este hecho podría haber pasado desapercibido en los principales centros financieros del mundo si no fuera por dos razones: primero, que murió tras varias semanas trabajando más de 100 horas en una operación; y segundo, que era un exmiembro de las fuerzas especiales del ejército estadounidense, una profesión notoriamente estresante. Su muerte ha reavivado el debate sobre la presión extrema que sufren cientos de analistas, abogados y consultores en operaciones millonarias. Todos los entrevistados para este reportaje han preferido mantener su identidad en el anonimato.

El pasado 1 de mayo, el BBVA envió a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la carta que su presidente, Carlos Torres, remitió al consejo del Sabadell. En apenas cinco folios, Torres expone las condiciones de su oferta para una fusión que se ha complicado. En otros cinco, la entidad solicitaba autorización para lanzar la OPA. Cada palabra, coma y cifra en estos documentos ha sido analizada por cientos de banqueros de inversión, consultores y abogados que no aparecen en la foto ni firman las misivas, pero que han invertido miles de horas en su preparación.

Las grandes operaciones se gestan en despachos ejecutivos o en reservados de restaurantes exclusivos, en cafés y llamadas entre altos ejecutivos conocidas solo por un círculo reducido. Cuando las negociaciones se intensifican, las empresas contratan a sus asesores: un banco de inversión y un despacho de abogados. En grandes cotizadas, es común contar con varios bancos y despachos. El primer paso es realizar una due diligence, una radiografía legal y financiera de las empresas involucradas.

Los asesores abarcan todos los aspectos de la operación: legal, comercial y financiero, siendo este último crucial ya que define el precio. Miguel, un asociado en un banco de inversión en Londres, comenta: “Si calculas mal los impuestos y el precio de la acción acaba siendo 12 en lugar de 14, es una catástrofe. Aunque mucha gente revisa tu modelo, la responsabilidad última es tuya”. Las jornadas son maratonianas desde el análisis preliminar. Miguel relata haber dormido solo dos horas por noche durante una semana en una operación reciente.

La responsabilidad varía según el rango, pero la presión es transversal. Manuel, un abogado laboralista, cuenta que la urgencia se traslada a toda la jerarquía, afectando también a los junior, quienes sienten la necesidad de demostrar su valía constantemente. A la presión financiera se suman los plazos ajustados, especialmente en operaciones sobre empresas cotizadas, donde el valor de la acción fluctúa diariamente.

Cada detalle es examinado minuciosamente, lo que requiere tiempo y personal. En una due diligence, se revisan miles de contratos en busca de contingencias ocultas. Si la operación es significativa, se intercambia gran cantidad de información con reguladores como la CNMV o la CNMC. Manuel recuerda entre risas cómo después de semanas trabajando en una due diligence, su superior le pidió que tirara las carpetas porque los clientes se habían echado atrás.

Los profesionales del sector son altamente cualificados y pasan procesos de selección rigurosos. Sin embargo, los conocimientos técnicos no son suficientes: la actitud es lo que marca la diferencia. Las atractivas condiciones económicas ayudan a soportar la presión. Un banquero junior en la City cobra de media 48.000 libras al año, más complementos como bonus que pueden superar las 10.000 libras. En España, un asociado en un despacho tiene un sueldo fijo medio de 57.000 euros.

Las grandes operaciones no solo mueven precios millonarios, sino también honorarios sustanciosos para los asesores. En una operación de 1.000 millones, un banco de inversión puede llevarse 10. Los despachos compiten en tarifas, estableciendo precios fijos por un número acordado de horas, pero a menudo superan este límite sin registrar las horas adicionales, afectando los bonus de productividad.

Antes de morir, Lukenas había contactado con un asesor de recursos humanos para salir del banco. Manuel dejó su despacho para trabajar con un cliente, sacrificando dinero por calidad de vida. Marina también considera independizarse. Sin embargo, Miguel quiere hacer carrera en la City, a pesar de haber visto a un antiguo jefe sufrir un ataque en su mesa. “Todo el mundo está aquí por el dinero, pero a algunos además les encanta, y a mí me encanta”, dice. La semana pasada, otro analista de Bank of America, de 25 años, murió repentinamente mientras jugaba al fútbol.

13e024f8b10199f58e47f596e2b28d99?s=300&d=mm&r=g - Los peones detrás de las opas millonarias
Capafons & Cia. S.L.

Publica un comentario