El mordisco de las grandes tecnológicas

Las grandes tecnológicas han irrumpido en el negocio bancario, provocando cambios significativos en el sector. Desde hace años, bancos como Apple, Amazon y Google han comenzado a ofrecer servicios tradicionalmente gestionados por entidades financieras. El auge de los pagos electrónicos, la digitalización de las finanzas y una regulación más favorable han llevado a que las tecnológicas hayan captado más de medio billón de euros en créditos.

“El crédito concedido globalmente por las bigtech en la última década ha pasado de ser insignificante a representar el 11% de sus ingresos, con un volumen de crédito que supera los 570.000 millones de dólares”, afirma Banco Sabadell en un documento remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), citando datos del Comité de Basilea. El informe reconoce que el avance de las grandes tecnológicas es uno de los principales riesgos para el negocio bancario.

El sector de los pagos es donde las grandes tecnológicas han realizado más incursiones. La popularización del comercio electrónico ha impulsado el desarrollo de plataformas como Apple Pay y Google Wallet, que generan ingresos millonarios en comisiones cobradas a los emisores de tarjetas por cada compra realizada desde el móvil y a través de estas carteras digitales. Anteriormente, este negocio se repartía entre los bancos y los emisores de tarjetas.

El negocio de los pagos es altamente rentable, pero requiere de una gran inversión en infraestructura tecnológica, lo que solo los bancos más grandes pueden manejar solos. Las entidades de menor tamaño han optado por vender sus filiales de pago o asociarse con socios industriales especializados para no quedarse atrás. Por ejemplo, CaixaBank tiene acuerdos con el gigante estadounidense Global Payments, y Sabadell vendió el año pasado el 80% de su filial de pagos a Nexi.

“El proceso de transformación del grupo hacia un entorno de innovaciones tecnológicas constantes puede requerir gastos sustanciales de adaptación de los productos y servicios existentes. El fracaso en la implementación efectiva de estos cambios podría tener un impacto material adverso en la posición competitiva”, advierte Sabadell en el mismo documento. En el último año, la entidad ha incrementado su inversión en tecnología a 296 millones de euros, frente a los 231 millones de 2022 y los 195 millones de 2021.

Además, los objetivos de la Unión Europea para acelerar los pagos digitales e instantáneos y el proyecto del Euro digital abren nuevas oportunidades para que las tecnológicas presten más servicios financieros. La regulación de acceso a los datos digitales (FiDA) obligará a los bancos a dar acceso a las tecnológicas (con consentimiento del cliente) a los datos del usuario, beneficiando a estas empresas al permitirles ofrecer mejores precios en créditos o seguros gracias al análisis de grandes cantidades de datos. Este es uno de los mayores temores de la banca, ya que las tecnológicas ya manejan más de medio billón en créditos.

“Debido a sus modelos de negocio, grandes tecnológicas como Alibaba, Amazon, Meta (Facebook), Alphabet (Google) y Tencent generan una gran cantidad de datos de usuarios. El acceso a estos datos les permite ofrecer una amplia gama de servicios financieros, desde pagos hasta gestión de dinero, seguros y préstamos. En los últimos años, la tasa de crecimiento del crédito de las grandes tecnológicas en China ha superado la del crédito bancario tradicional”, explica el Banco de Pagos Internacionales (BIS) en un informe publicado a finales del año pasado. Esta tendencia también se observa en otras regiones.

En Estados Unidos, Apple lanzó depósitos que ofrecían intereses del 4,15% anual en una alianza con Goldman Sachs. También lanzó un servicio de “Compre ahora, pague después”, permitiendo pagar una compra en cuatro plazos sin cobrar intereses, lo que se ve como un paso hacia la oferta de servicios bancarios.

Mismo negocio, mismas normas

La regulación es otro de los principales obstáculos para que la banca compita con estos gigantes mundiales. Los bancos han reclamado que las empresas que operen en el mismo negocio se rijan por las mismas normas, ya que las grandes tecnológicas se benefician de regulaciones y normas fiscales más laxas. Un banco está sujeto a estrictos controles de capital y liquidez que suponen gastos que las tecnológicas no tienen que asumir.

Las entidades financieras están bajo una estrecha supervisión que limita su capacidad de actuación, a la que las tecnológicas no están sometidas. También piden que, si las tecnológicas pueden acceder a los datos de los clientes bancarios, la banca también tenga acceso a la información de los usuarios de las tecnológicas. “Las bigtech, además de las ventajas regulatorias, disponen de una base de usuarios global, marcas reconocidas y prestigiosas, así como una elevada capacidad financiera que podrían llevarlas a adquirir rápidamente una alta cuota de mercado del sector bancario y amenazar la viabilidad de sus modelos de negocio”, señala Banco Sabadell.

Los supervisores ya han empezado a monitorear el riesgo que las tecnológicas suponen para los bancos y el sector financiero. A principios de año, la Autoridad Bancaria Europea (EBA), la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación (EIOPA) y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) propusieron crear una herramienta en Europa para que las autoridades supervisoras de cada país puedan “controlar de forma continua y dinámica la relevancia directa e indirecta de las grandes empresas tecnológicas para el sector financiero de la UE”.

“La prestación de servicios financieros por parte de las grandes tecnologías puede generar desafíos regulatorios como dominio del mercado, discriminación de precios, discriminación algorítmica y amenazas a la privacidad de los usuarios”, advirtió la ESMA.

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Capafons & Cia. S.L.