El Estado se embolsa 6.400 millones con la recuperación de las Bolsas

La obtención de recursos continúa siendo uno de los objetivos prioritarios del Gobierno que, según lo detallado en la presentación de los Presupuestos, tendrá que hacer frente a un gasto de 455.978 millones el próximo año. Además de los fondos europeos, las emisiones de deuda y los nuevos impuestos a energéticas, bancos y grandes fortunas, el Ejecutivo tiene puesta la vista en las aportaciones a las arcas públicas derivadas de la participación del Estado en el accionariado de algunas cotizadas.

Superados los momentos más duros de la crisis del Covid, la recuperación de la Bolsa y la progresiva vuelta al dividendo de muchos valores está ayudando al Estado a lograr plusvalías por su presencia en el capital de las empresas privadas. A través de la remontada en Bolsa y la retribución a los accionistas, el Gobierno ha logrado embolsarse más de 6.365 millones en los dos últimos años.

El grueso de este importe tiene su origen en la revalorización de las participadas. Aunque en los últimos meses las subidas agresivas de los tipos de interés y el frenazo de la economía están causando estragos en los mercados, la cartera de acciones que el Estado tiene bajo control ha logrado decir adiós a los mínimos registrados con la pandemia. La inversión a través de entidades como el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) o Enaire está valorada en 17.981 millones, 5.507 millones más que en los momentos más duros de 2020, cuando la paralización de la economía lastró a la renta variable a mínimos que en casos como el del Ibex 35 no se veían desde 2012, en plena crisis de deuda soberana de la zona euro.

El caso más llamativo es el de CaixaBank, que en la primera mitad de 2021 culminó su integración con Bankia. Fruto de este proceso, la participación del Estado a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) ha pasado del 61,8% del capital de Bankia a representar el 16,117% de la nueva CaixaBank. La entidad ha remontado desde entonces en Bolsa, lo que se salda con unas plusvalías latentes de 2.355,3 millones. A cierre del viernes, la valoración del Estado en la entidad resultante de la fusión ascendía a los 4.404 millones, frente a los 2.048,7 millones registrados en 2020 cuando la acción de Bankia llegó a hundirse a 1,08 euros.

En el último año y medio la banca ha mejorado notablemente sus cuentas. Además de decir adiós a las pérdidas de 2020, ahora el sector se enfrenta al reto de mejorar sus márgenes. Para ello cuentan con la ayuda del fin de los tipos cero, una medida de la que sacan más partido las entidades domésticas, como CaixaBank. Han sido precisamente las expectativas de mejora de sus ingresos, las que en el último mes y medio han ayudado a la banca a resistir con mayor holgura las sacudidas bursátiles.

Un escalón por debajo de CaixaBank se sitúan Airbus y Aena, firmas que con la pandemia se convirtieron en dos de las cotizadas que más restaron a la cartera de acciones en manos del Gobierno. El fin de las restricciones a la movilidad ayudó a invertir esta tendencia y con ello volvieron a recuperar parte del brillo perdido.

El Estado a través de Enaire continúa siendo el principal accionista del gestor de aeropuertos, con el 51% de sus títulos. El 45% del patrimonio bursátil público se encuentra en Aena (8.051,6 millones de euros). Las subidas experimentadas en Bolsa a medida que la actividad turística retornaba a los niveles prepandemia se han traducido en unas plusvalías latentes de 1.021,28 millones, algo que contrasta con las pérdidas latentes de más de 4.398 millones registradas en los nueve primeros meses de 2020. Con la revalorización de Airbus (el Estado ostenta un 4,2%), se han logrado unas plusvalías latentes de 1.462,34 millones.

Los 668 millones de euros restantes se corresponden con las ganancias alcanzadas gracias a la recuperación en Bolsa de Indra, Red Eléctrica, Enagás y Ebro Foods. La participación del Estado a día de hoy en ellas (ver gráfico) está valorada en 2.472,3 millones de euros, frente a los 1.804 millones registrados en los momentos más críticos de 2020.

Además de las ganancias logradas con la recuperación en Bolsa, el Estado recibe su parte correspondiente de dividendos como accionista. Hasta la crisis del Covid, la retribución al accionista venía siendo una de las señas de identidad de la Bolsa española. El estallido de la crisis, la entrada en pérdidas de muchas cotizadas y el veto que durante meses impuso el BCE a los dividendos de la banca redujo a la mínima el reparto de los cupones. En los dos últimos años el Estado ha ingresado vía dividendos 827,6 millones de euros gracias a todas sus participadas cotizadas, un importe que podría incrementarse a cierre de año, si las previsiones se transforman en realidad.

Red Eléctrica, Enagás y Ebro Foods han sido las que más han aportado vía retribución al accionista, con un total de 356,9 millones en los dos últimos años. A diferencia de las firmas de corte cíclico, estas cotizadas han hecho valer su papel de empresas defensivas y han seguido premiando la fidelidad de sus accionistas.

Aena, que hasta 2020 gozaba de uno de los dividendos más jugosos de la Bolsa española y que aportaba unos 580 millones anuales a las arcas públicas, prevé recuperar la política de retribución en 2023 tras suspenderlo para hacer frente a la caída de actividad por la pandemia.

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