Bitcoin, ethereum y cardano se tambalean y contagian a monedas estables como Tether

El mercado de criptomonedas viernes amanece este viernes con cierta calma en  tras un jueves negro, con posible efecto contagio hacia otros activos financieros tradicionales. El bitcoin, la moneda virtual más popular, lleva en la semana una depreciación cercana al 20%. Otros de los activos digitales más negociados, como ethereum o cardano, acumulan desplomes superiores, que lograron suavizar el jueves en parte tras digerir algo del shock inicial. Solo en la jornada del jueves, el mercado de los criptoactivos llegó a perder 200.000 millones de dólares. Las caídas generalizadas sacuden los cimientos de esta incipiente industria, que había prometido sustituir al dinero convencional. Este viernes, bitcoin recupera un 5% y ethereum  sube un 7%.

El origen de esta corrección es el mismo que el que lleva semanas afectando a las Bolsas: las subidas de tipos por parte de la Reserva Federal de EEUU para tratar de contener la desbocada inflación. Al evaporarse el dinero fácil y barato se ha instalado en los mercados la consigna del “fuera riesgo” y los inversores están vendiendo sin parar sus posiciones más arriesgadas.

Aunque las criptomonedas llevaban un par de meses encadenando pérdidas, en las últimas sesiones se han producido varios cambios cualitativos. El primero de ellos es el contagio de estos desplomes a las conocidas como “monedas digitales estables”, criptoactivos que teóricamente garantizaban su solvencia prometiendo su paridad con el dólar (o con otras divisas emitidas por Estados).

Representación de Ripple, Bitcoin, Etherum y Litecoin
Representación de Ripple, Bitcoin, Etherum y Litecoin

 

Tether, la mayor de estas “monedas estables”, caía ayer hasta su nivel más bajo desde diciembre de 2020. En teoría, el valor de este tipo de activos debería evolucionar en paralelo al dólar, pero los inversores empiezan a desconfiar de la promesa de paridad con el dólar.

Los inversores utilizaban stablecoins como tether o terra USD para aportarlas como colateral para realizar operaciones puramente especulativas con otras criptomonedas o para hacer transacciones, es decir, un activo libre de riesgo. Con esa garantía en entredicho, las dudas se abalanzan sobre el conjunto del sector de los criptoactivos. Un día antes colapsó por completo otra de las denominadas monedas estables. Terra USD (o USTD), que también estaba ligada al dólar, se ha desplomado y cotiza a 0,01 dólares.

Un buen ejemplo es lo sucedido el jueves con Coinbase, una plataforma de trading de monedas virtuales que salió a Bolsa hace un año, como uno de los negocios del futuro. En su estreno las acciones llegaron a valer 342 dólares. Ahora se negocian a 42 dólares.

Solo el jueves se desplomaron más de un 20%. Un castigo al que se sumó además el enfado de sus clientes tras conocer que suspende los contratos de terra USD en su plataforma por su depreciación.

El economista jefe de Arcano Partners, explica que “las criptomonedas se han comportado con la exuberancia irracional de otros activos financieros, moviéndose al compás de lo que dictan los bancos centrales, a pesar de haber prometido que eran un activo descorrelacionado con el resto de los mercados financieros”.

Durante los dos últimos años, la inversión en criptomonedas pasó de ser una rareza reservada a enamorados de los ordenadores y la tecnología a convertirse en un activo que interesaba a todo tipo de entidades financieras: bancos, gestoras de fondos, asesores… todas atraídas al calor de las revalorizaciones y del dinero nuevo.

De hecho, el bitcóin había logrado colarse en algunos salones financieros tradicionales, gracias a fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) que estaban referenciados al valor de la criptomonedas. Suecia, Alemania o Suiza ya han autorizado la emisión y negociación de este tipo de ETF. La SEC, el supervisor de EEUU, lo tenía en estudio.

El gobernador del Banco de España, explicaba ayer en un foro financiero que, como principio general y según la historia de las crisis financieras, “el crecimiento súbito de activos que no están regulados requiere una actuación por parte de las autoridades”. Recordaba que este mercado ha pasado de valer 16.000 millones de dólares a más de tres billones en tan solo cinco años.

ANATOMÍA DE UN PINCHAZO

  • Generacional. Una importante parte de los inversores en criptomonedas pertenecen a la generación milenial. Son treintañeros que no llegaron a sufrir en sus bolsillos la crisis desencadenada por las hipotecas subprime y el colapso de Lehman Brothers (2008) o el pinchazo de las empresas puntocom.
  • Banca privada. A medida que el bitcoin acumulaba revalorización tras revalorización, especialmente tras la pandemia y los confinamientos, muchos banqueros privados comenzaron a recibir consultas de clientes para ver cómo invertir en este nuevo activo, en el que sus hijos estaban haciendo fortuna. “La duda no era si invertir o no, sino qué parte de la cartera dedicar”, explica un asesor financiero que opera en Miami.
  •  Institucionalización. Cuando los grandes bancos y gestoras de fondos vieron el dinero que llegaba a los criptoactivos, quisieron apuntarse a la fiesta. Fidelity, uno de los mayores grupos financieros de EEUU, llegó a crear un grupo de trabajo para acercar los activos digitales a sus clientes.

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